La necesidad de organizar investigaciones técnicas sobre los accidentes de aviación para reforzar la seguridad se reconoce en Francia desde 1934. Es en 1946 cuando aparece la Oficina de Investigaciones y Accidentes (BEA) propiamente dicha. En 1951 se le disocia de los servicios encargados de la tutela de la Aviación Civil en Francia (llamada actualmente la DGAC) para depender de la Inspección General de la Aviación Civil y de la Meteorología.

En un plano internacional, las primeras normas y prácticas recomendadas relativas a las investigaciones sobre los accidentes de aviación fueron aprobadas por el consejo de la OACI el 11 de abril de 1951, siguiendo las disposiciones del Convenio sobre Aviación Civil Internacional (Chicago, 1944), para constituir el Anexo 13 a este Convenio. Estas normas y prácticas recomendadas estaban basadas en las recomendaciones formuladas en febrero de 1946 en la primera sesión de la división de las investigaciones sobre los accidentes y completadas en febrero de 1947 en la segunda sesión.